
Llegamos a Kuwait a las cinco de la mañana soportando temperaturas alcanzando 32˚F solo para escuchar a los que cómodamente trabajan dentro de la inmensa caseta suplida con calentador, que no había espacio adentro y que teníamos que esperar afuera en el frío. Como siempre, no sorprendida ni por un instante, puse mis bolsas en el suelo y me recosté a dormir hasta las nueve de mañana cuando nos dijeron que podíamos entrar.
Cerca de las nueve de la mañana, entramos y hicimos el papeleo que es usual en cualquier movimiento hacia ó afuera de Kuwait. Un soldado muy joven se paró al frente del grupo y comenzó a nombrar gente y números de las casetas en donde iban a dormir esa noche. NO!!! Eso significaba que no nos íbamos a ir inmediatamente de Kuwait y todo lo que estaba ocupando mi mente era llegar a casa y pasar la Navidad con mi familia.
La decepción no terminó ahí. Después de varios minutos el mismo soldado comenzó a llamar nombres otra vez pero esta vez se trataba de los que fueron escogidos para salir en un vuelo el día siguiente. Sin sorpresa alguna, mi nombre no fue mencionado y el próximo posible vuelo estaba seleccionado para el domingo 23 de diciembre. A pesar que no estaba sorprendida se me hizo muy difícil contener las lágrimas. Esta vez no se trababa de llegar a un sitio para poder descansar, se trataba del tiempo que les estaban robando a mis niños durante la Navidad.
Al final me resigné, agarré mis bolsas y fui directamente a la caseta donde me acosté a dormir llorando y deprimida imaginándome las caritas de mis preciosos niños y cuán tristes iban a estar si mami no llegaba para compartir la Navidad con ellos. Dormí desde las diez de la mañana hasta la cinco de la tarde, luego me desperté, fui a comer cena, le mandé un email a Trace diciéndole las malas noticias y volví a la caseta a dormir desde las nueve de la noche hasta la próxima mañana cerca de las ocho.
La noche anterior fue extenuante. Llovió consistentemente y la caseta no tenía luz ni calentador. Tuve que encaramarme en la litera de arriba cual a estar pegada de la pared de la caseta, se movía como si fuera a caerse cada vez que viento soplaba la caseta. Yo estaba tan deprimida que ni hizo me hacía gracia y al despertarme en la mañana mi actitud era casi insoportable.
Cerca de las once de la mañana una de las muchachas de tenía que reportarse por la mañana para salir ese mismo día entró a la caseta y me dijo que habían llamado mi nombre. Sin pensarlo dos veces salté de la cama y fui a averiguar mi situación. Aparentemente me pudieron acomodar y ahora tenía que reportarme a las doce y cuarenta y cinco de la mañana para empezar el largo proceso necesario para salir a los Estados Unidos.
A las doce y cuarenta y cinco en punto todos se reunieron a esperar las próximas instrucciones que seguir. Siguiendo la tradición del Army que nosotros llamamos “hurry up and wait” estuvimos esperando afuera en el frío hasta las tres de la tarde. El resto de la tarde—y noche—fue un fiasco. Yo estuve continuamente en duda por la falta de organización durante este proceso pero el hecho que estaba en el vuelo que originalmente no podía acomodarme me hacía olvidar todo y consecuentemente toleré toda la desorganización.
El vuelo salió finalmente cerca de la media noche. El proceso para salir de Kuwait puede desanimar a cualquiera pero mis espíritus estaban concentrados en mi familia. Trate de dormir durante el vuelo pero el espacio era tan compreso que no podía encontrar comodidad. Después de seis horas paramos en Irlanda por una hora y luego continuamos por otras ocho horas y media hacia Atlanta, Georgia. En cuanto llegamos a Atlanta y después de recoger mis bolsas llamé a Trace….que alivio!!!! Por fin en tierra amigable, por fin segura, por fin cerca de los que me quieren y esperan por mí.
El viaje de Atlanta a San Juan fue cuatro horas. Cada minuto que pasaba incrementaba mi felicidad y mis ansias de estar cerca de mis hijos y mis ansias de sentir el calor y el amor de mi esposo; mi amor que ha esperado por mí durante todo este tiempo siento un marido y padre ejemplar. Finalmente San Juan…
No hay palabras para describir la sensación que corre por tus venas cuando te reúnes con tus niños y tu esposo después de haber estado seis meses en una tierra extraña siendo testigo de las atrocidades que sólo la guerra iniciada por el hombre puede desatar.
Las emociones al ver mi niño de tres años corriendo hacia mí, gritando “mami” con sus brazos abiertos y llevando la sonrisa más auténtica imaginable son inexplicables. Mis otros dos niños sentados pacientemente afuera de la seguridad esperando por el esperado abrazo y beso de su madre es testimonio de su disciplina y del magnífico trabajo que Trace está haciendo con ellos. Y Trace…Trace…sentado con los dos niños mayores mirando a Vance y a mí con una sonrisa que parecía pintada. Pacientemente cediendo su turno a los nenes para que ellos me abrasen primero y dejando sin vergüenza alguna que sus lágrimas corrieran por su cara como si sólo fuéramos nosotros en el aeropuerto. En esos minutos el resto del mundo se derritió y desapareció para nosotros; el mundo, el espacio y el tiempo pertenecieron a nosotros y por primera vez en los pasados seis meses sentí verdadera felicidad.
El camino para Ponce desde San Juan fue excitante. Trace y yo tratamos de hablar de lo que ha pasado en los pasados seis meses, de lo que ha estado pasando durante su visita en Puerto Rico y de lo que esperamos pase en el futuro. El hecho más importante de nuestra conversación es que no queremos estar separados otra vez. Mi corazón de quiere romper en pedazos cada vez que pienso en todo lo que me he perdido; las canciones, los deportes, las monerías, los golpes…todo lo que padres en el mundo no consideran eventos de gran importancia.
Al llegar a la casa de Mami el alivio y la realización de mi estadía en Puerto Rico por fin calló. Encontré a mami muy delgada y sin pensarlo dos veces me sentí algo responsable por su pérdida de peso pero la sonrisa en su cara decía que todos los lamentos que ha pasado en los pasados seis meses están echados a un lado por ahora. Mi madre, mi madre es una santa…de verdad que lo es. Muchas veces pienso en ella y cuan fuerte y doloroso tiene que ser para ella el estar alejada de sus hijos y sus nietos. Siempre le pido a Dios que pronto ella pueda disfrutar de su familia más y que sea pronto.
En casa también vi a mi hermano y a su esposa con su nieta. Mi hermano se ve bien, mucho mejor que la última vez que lo vi en Connecticut. Parece que ha ganado treinta libras y se ve saludable. La niña—su nieta—es un amor, calladita y cariñosa. No vi a papi hasta el otro día y considerando el estado de su salud, me sorprendió verlo en tan buenos ánimos.


La estadía en Puerto Rico fue colmada con alegría y paz. Fui a visitar a las personas que siempre llevo cerca de mi corazón como mis tías, tíos y por supuesto Cuca y Papamando que durante los pasados 35 años han sido mis segundos padres y han siempre estado presente para darme apoyo y quererme sin juzgar mi vida y mis decisiones.
Me reuní con parte de los compañeros que fueron a la escuela elemental conmigo y otros que fueron a la escuela superior. Mucho han cambiado, otros no. Encontré que mayormente los hombres cambiaron más que las mujeres. Muchas de la muchachas se veían igual—yo incluida—estábamos un poco más gruesas, un poco más delgadas, algunas mas extrovertidas que otras y algunas tenemos una que otra arruga que recuenta algún evento de nuestra vida pero en total encontré que nos conservamos bastante.

El encontrarme con gente que me conocían durante mi niñez fue una experiencia muy importante en mi vida. Muchas veces me he preguntado si ellos se acuerdan de mí y cuál sería su opinión de mí en aquellos tiempos. Las anécdotas de mi comportamiento y actitud—especialmente durante la escuela superior—fueron graciosas y seriamente justo como las recordaba. Lo único que no recordaba era que mucho pensaban que yo siempre parecía que estaba enfadada. Pensé mucho en eso y pude concluir que aunque yo traté mucho en no demostrar el dolor y decepción que era parte de mi vida, el desequilibrio que había en mi ser se manifestó a través de un aparente mal humor que limitó a muchos acercarse a mí.
No puedo decir que me arrepiento de ser la persona que era. Nunca voy a decir que me arrepiento por mi rebeldía pero si voy a decir que quisiera que yo hubiese abierto la puerta y así dejar a algunos conocerme para que pudieran comprender todas las cosas que he tenido que superar. Gracias a Dios, encontré un grupo de ellos—quienes de verdad no me sorprendieron porque siempre han sido personas de buen carácter—que disfrutaron de mi compañía y la de mi familia y que están verdaderamente contentos que los haya encontrado—ó viceversa.
Ahora que hay un 95% de posibilidad que nuestra próxima mudanza es para Puerto Rico, en realidad le doy gracias a Dios por haber encontrado muchas las amistades que aunque no cultivé con mucha precaución siempre recordé como una parte esencial de mi crianza. Ahora sólo espero que las mantenga y que florezcan por vida.
Fue muy duro irme de Puerto Rico. Esta estadía fue muy diferente que las demás. No sólo pase mi tiempo con mi familia y con amistades que siempre voy a visitar pero ahora abrí una nueva puerta que irónicamente lleva mucho de mi pasado. Espero regresar a Puerto Rico en julio y proveer a mi madre y mi padre el tiempo que se han perdido con los niños. Vaya, a lo mejor hasta considere quedar embarazada otra vez para que mami pueda tener esa experiencia; ya veremos.
Este es mi despertar Puertorriqueño, la ocasión no pudo ser más perfecta. Después de estar en una tierra lejana donde todo es desolación, confusión, desastre, y dolor por fin llegué al sitio donde el calor humano, el color de la naturaleza y la gente que espera por mí son los pedazos del rompe cabeza que compone mi vida. Gracias a Dios, a mi familia y a todos los que han pedido por mí para que esta oportunidad de hiciera realidad, Gracias. 

